Hay noticias que invitan a detenerse un momento y mirar el camino recorrido. Hoy quiero compartir una de ellas: he sido seleccionado entre los diez finalistas de los Premios EDUCA ABANCA 2026, en la categoría de Educación Secundaria y Bachillerato, que reconocen al mejor docente de España.
Ver mi nombre en ese listado, junto al de la Escola Santíssima Trinitat de Barcelona, me produce una enorme alegría. También agradecimiento y respeto por los compañeros y compañeras con quienes comparto esta final.
Después de más de treinta años dedicado a la docencia, sigo encontrando motivos para revisar lo que hago. Una explicación que parecía clara y no lo era. Una pregunta de un alumno que obliga a cambiar el enfoque. Una actividad que funciona con un grupo y necesita otra forma con el siguiente. Esa parte del oficio, la de observar, escuchar y volver a intentarlo, sigue siendo para mí una de las más valiosas.
Enseñar Física y enseñar a pensar
Mi trayectoria ha estado vinculada a la enseñanza de la Física, tanto en secundaria y bachillerato como en la universidad y en la formación del profesorado. En esos espacios me acompaña una preocupación: cómo conseguir que aprender implique comprender, hacerse preguntas y construir criterio.
En ciencias, llegar al resultado correcto importa. También importa poder explicar por qué tiene sentido, reconocer una suposición equivocada o detectar cuándo una respuesta contradice lo que sabemos del mundo. Para desarrollar esas capacidades hacen falta tiempo, práctica y oportunidades de equivocarse.
Esa preocupación ha adquirido otra dimensión con la llegada de la inteligencia artificial. Tenemos herramientas capaces de producir respuestas en segundos, y eso nos obliga a pensar con más cuidado qué pedimos al alumnado y qué consideramos una evidencia de aprendizaje.
De esa reflexión nace El Factor Humano, una línea de trabajo en la que propongo integrar la IA preservando espacios para el razonamiento propio, la conversación y la revisión de las ideas. Me interesa que el alumnado aprenda a utilizar estas herramientas y que, al mismo tiempo, pueda valorar sus respuestas, cuestionarlas y hacerse responsable de sus conclusiones.
Un reconocimiento que se comparte
Aunque en el listado aparezca mi nombre, mi trabajo está ligado a muchas personas. A los alumnos y alumnas, cuyas preguntas y dificultades me ayudan a mejorar. A las familias, por la confianza. A los compañeros y compañeras, con quienes comparto decisiones, dudas y trabajo cotidiano. Y a la Escola Santíssima Trinitat y a la Universitat Politècnica de Catalunya, donde se desarrolla una parte esencial de mi vida docente.
Quiero dar las gracias, especialmente, a quienes han apoyado mi candidatura. Saber que alguien ha considerado que mi trabajo merece este reconocimiento tiene un valor muy personal.
También quiero felicitar al resto de finalistas. Compartir este espacio con docentes de distintos centros y lugares de España es una oportunidad para conocer otras experiencias y seguir aprendiendo.
Recibo esta noticia con ilusión. Llegar a la final ya es una alegría que merece ser compartida y un estímulo para continuar trabajando con la misma exigencia: preparar bien las clases, escuchar lo que sucede en ellas y ayudar al alumnado a comprender un poco mejor.
Gracias a quienes formáis parte de este camino.
